VESTIR SIN MIEDO

Muchas veces lo que nos impide vestir de una forma determinada o experimentar con nuevas prendas, colores y estilos, es el miedo. El miedo a que nos vean o a lo que piensen de nosotros. No experimentamos por el temor a que transmitamos una imagen diferente a la habitual, a que nos encasillen en una categoría determinada o, simplemente, porque no sabemos por dónde empezar.

Por mis palabras parece que el vestir se convierte en una tarea estresante y complicada, por lo que os invito a que sigáis algunos de mis consejos para que salgáis de la zona de confort y comprobéis lo divertido que puede ser renovar el estilismo e incorporar prendas y colores nuevos:

1. Como he dicho en un inicio, uno de los principales motivos por los que no nos atrevemos a arriesgar con la vestimenta es el miedo a la evaluación negativa de los demás. En este punto y siendo ya adultos, plantéate esta serie de preguntas:

 

¿Por qué tengo miedo a que me miren?
¿El hecho de que me miren conlleva siempre una evaluación negativa o puede ser también positiva?
¿Qué me asusta realmente?
¿Qué es lo peor que puede ocurrir?
¿Realmente es tan importante lo que piensen sobre mi?
¿Lo que piensen sobre mi me hace peor persona?

 

Cuando reflexiones acerca de estas preguntas te darás cuenta de que no es importante lo que digan los demás, ni debe preocuparte en absoluto salir de tu línea habitual.

 

2. Experimentar no significa realizar un cambio de look total y de una sóla vez. Empieza por realizar una incorporación progresiva de nuevas prendas a tu estilo habitual, combinándolas con las que ya forman parte de tu armario.

De esta forma, te será mucho más sencillo comprobar la versatilidad de tus prendas y distintas formas de combinarlas con otras prendas diferentes, de forma que tengas una imagen mucho más actualizada sin salir demasiado de tu estilo. Lo más fácil es empezar añadiendo un color diferente en pequeños estampados o en complementos como pulseras, collares, zapatos o bolsos.

Después de esto, el segundo paso será descartar algunas prendas de tu armario y renovar otras que sean diferentes a las que ya tienes, por su forma, color o tejido.

 

3. La edad no es un problema a la hora de experimentar. Se puede renovar el estilo a los veinte, a los cuarenta o a los setenta. Lo importante es adaptarlo a tu edad y características corporales y tener la motivación y la actitud para hacerlo, siendo flexible en el pensamiento y estando abierta a alternativas diferentes a las que has tenido hasta ahora.

 

4. El hecho de experimentar no significa tener que incorporar todas las tendencias del momento a tu vestuario, como si hubieras salido de una pasarela.

Si te gusta llevar prendas o complementos en tendencia, es importante que las adaptes a tu estilo de vida, combinando elementos más clásicos con otros más extravagantes y siempre en pequeñas dosis, pues de lo contrario puede resultar algo excesivo y arriesgado.

 

5. Experimentar es sinónimo de vivir, de probar, de autoconocimiento y de atrevimiento. Permite desarrollar la habilidad de ser creativo y diferente, pudiendo mostrar tu personalidad simplemente con que te vean y no ser una fotocopia aburrida de otro. Eso mola mucho, ¿no?

 

6. Lo bueno de experimentar es que es gratis. Puedes probar diferentes combinaciones en casa o pasar una tarde de tiendas con la mente abierta a nuevas propuestas. La moda es un juego y hay que jugar: pruébate esa mini que tanto te llama la atención, coge unos pantalones de campana noventeros, camina por el pasillo de tu casa con tacones y calcetines al ritmo de Girls Just wanna have fun. Además de que te divertirás, aunque algunas combinaciones no estarán hechas para ti, seguramente realizarás nuevos descubrimientos que sí te gustarán.

 

Y ahora, ¿qué?

¿Experimentamos?

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