Nos guste o no, el mes de Febrero es el mes del empalague, de los corazones de purpurina y de los dibujitos de cupido everywhere. Desde que terminaron las fiestas navideñas hemos sido bombardeadas constantemente con mensajes del tipo: “¡Regálaselo! ¡Sorpréndele!”,“¡Dile te quiero con flores….!”.Si reflexionamos un poco sobre esto, todas estas llamadas de atención son dirigidas a un único fin: GANAR EL AMOR DEL OTRO. Es cierto que el amor es uno de los sentimientos más importantes que mueven el mundo: el amor a la familia, el de los animales, el de la amistad, hacia la pareja…y ante todo ésto hay algo que parece estar a un segundo plano y que, a mi parecer, es esencial para que todo esto cobre sentido: el AMOR A UNO MISMO.

Desde este pequeño espacio virtual sabéis que os hablo de moda y de imagen personal desde un concepto mucho más global que el centrado en el aspecto físico y que incluye también el interior de la persona: cómo se ve a sí misma, cómo se siente y qué expresa al exterior a través de su imagen.

Hay una frase que dice algo así como que “la belleza está en los ojos de quien la mira”. Por tanto, si yo me observo y me acepto, me veo bella, algo que expresaré seguramente con mi actitud, mi comunicación, mi forma de vestir y de relacionarme con los demás.

Partiendo de esta idea, lo que quiero hoy transmitir es la importancia de que no debemos valorarnos en la medida en la que lo hace otra persona, sino que la clave está en aprender a darnos nuestro propio valor. Y eso es algo que sólo y exclusivamente podemos hacer nosotras.

Os propongo un ejercicio aparentemente sencillo frente al espejo. ¡Estad atentas!

PRIMERA EXPOSICIÓN AL ESPEJO: ¿QUÉ ES LO PRIMERO QUE PENSAMOS CUANDO NOS VEMOS EN EL ESPEJO?

La mayoría de las personas cuando se miran en un espejo van a pensar primero en los aspectos que menos le gustan de sí mismas: “tengo mala cara, una nariz enorme y un trasero que va creciendo por momentos…”.

Así, vamos a cambiar este análisis por otro mucho más útil para nosotras, a través de un pensamiento general y objetivo: “soy una mujer, de X años, con una serie de cosas por las que estoy satisfecha y otras por las que menos. Soy yo: con mis cosas más bonitas y menos bonitas (NO FEAS). A partir de ahí, voy a sacar todo mi potencial, que es mucho”.

Si nos damos cuenta,  con el segundo análisis nos va a resultar mucho más fácil partir de una aceptación y de una motivación interna para poder desenvolvernos y sentirnos mejor.

¡Ojo! No estoy diciendo que tengáis falsas expectativas ni creencias o metas imposibles de conseguir con respecto a vuestra imagen. No nos vamos a engañar. Sólo vamos a hacer un ejercicio de conocimiento y de toma de contacto con la realidad.

 

 

UNA VEZ QUE ESTAMOS “FRENTE A FRENTE” CON EL ESPEJO:

Vamos a hacer un recorrido de arriba abajo, desde el inicio de nuestra frente hasta la suela de los pies. Nos vamos a poner de frente y de lado, hasta donde nuestra vista y nuestra perspectiva puedan alcanzar.  Éste es el primer paso para construir una nueva imagen: enfrentarnos al espejo.
El espejo no miente, sólo refleja una imagen externa. Por tanto, si aprendemos a mirarnos con objetividad, conseguiremos ese diálogo con nosotras que nos va a ayudar a enfatizar nuestros puntos fuertes, para que podamos enfatizarlos y a “desatender” o restarle importancia a nuestros puntos menos fuertes.

¿Cuáles son las partes de mi cuerpo que más me gustan y cuáles son las que menos me gustan?

A la hora de respondernos, escribimos dos listas (¡y hazlo!¡no seas perezosa!):

– Empezando por todo por lo que estamos satisfechas.
– Después, escribiendo todo lo que nos gustaría cambiar y que está en nuestro alcance.

Elaborar estas dos listas nos va a ayudar, por una parte, a ser más conscientes de nuestras fortalezas y, por otra, a plantearnos objetivos con un plan de acción concreto para cambiar o mejorar aquellos hábitos de autocuidado que sean beneficiosos para nosotras.

Es importante conocerse e identificar nuestras características en un ejercicio de conciencia y aceptación, ayudándonos a darnos cuenta de que no somos ni queremos ser perfectas. Sólo buscamos estar más o menos armónicas o proporcionadas dentro de nuestra estupenda silueta corporal. La mayoría de las mortales estamos compuestas por un conjunto de características complementarias u opuestas, algunas de ellas están más desarrolladas o son más voluminosas y otras son menos visibles o inexistentes. No se trata de disimular lo “feo”, sino de potenciar lo “bello”. Es un desvío de atención hacia lo mejor que tenemos y eso podemos conseguirlo a través de algunas prendas, de los colores llamativos, las texturas, los tejidos y las formas. 

 

El post de hoy he querido centrarlo en el lenguaje interior con nosotras mismas y en saber diferenciar lo que es constructivo y realista en relación a nuestra imagen,con lo que no lo es y que puede hacernos daño. Todos los mensajes que podamos decirnos en esta dirección nos harán mucho más felices que todas las cajas de bombones y las flores del mundo.

 

Gracias por leerme.

Fani M.

2 comentarios
  1. REME
    REME Dice:

    MUY INTERESANTE ESE CAMBIO DE ANÁLISIS AL MIRARNOS AL ESPEJO.
    Y EL HORROR DE VERNOS, AHORA EN PRIMAVERA, CERCA DEL BIQUINI???.
    ME AYUDA TODO LO QUE DICES.

    Responder
    • Fani M.
      Fani M. Dice:

      ¡Buenas tardes Reme!
      Si te das cuenta, todo parte de nuestros pensamientos. El pensar que es un “horror” vernos seguro que se produce por focalizarte en algo que no te gusta demasiado de ti. ¿Por qué no pruebas a realizar el ejercicio frente al espejo dirigiendo tu atención a lo que te encanta de ti? Puede ser cualquier cosa: el pelo, los labios, el escote…e incluso los pies! Si cambias ese concepto y potencias lo que si te gusta, te darás cuenta que lo demás no te importa. No se trata de engañarnos, sólo de aceptar que tenemos cosas que nos gustan más y otras menos, y potenciar lo que sí nos gusta. ¿Probamos a sentirnos mejor? 😉

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